Nos embarcamos y no nos embarcamos en los mismos ríos, somos y no somos. Heráclito.

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En este blog, Profesores y alumnos del Postgrado de Maestría en Filosofía de la UCAB Guayana, publicamos nuestras reflexiones sobre las ideas y el diario acontecer de nuestro entorno.

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"Las dictaduras fomentan la opresión, las dictaduras fomentan el servilismo, las dictaduras fomentan la crueldad más abominable: es el hecho de que fomentan la idiotez. Botones que balbucean imperativos, efigies de líderes, vivas y mueras prefijados, muros exornados de nombres, ceremonias unánimes, la mera disciplina usurpando el lugar de la lucidez... Combatir esas tristes monotonías es uno de los muchos deberes de un escritor".

Jorge Luis Borges

martes, febrero 21, 2012

El próximo gobierno... ¿será malo, o podría ser bueno?




Una de las virtudes que no tenemos –al menos muchos de nosotros- es la de adivinar el futuro. Ahora bien, muchas veces uno puede vislumbrar algunos aspectos del futuro basándose en las situaciones presentes y pasadas. He ahí uno de los motivos para considerar importante la Historia.

   Quisiera ser optimista respecto al futuro, y lo soy en lo que pudiera llamarse el panorama global. Pero en algunas cosas uno ser reserva ese optimismo, y en otras simplemente se es pesimista. Además, bien nos consta que para algunos unas cosas son buenas, y esas mismas cosas son malas para otros. El próximo gobierno no tiene muchas oportunidades de llegar a ser un buen gobierno en el sentido clásico de esa calificación. Ojalá me equivoque, pero desde mi óptica así será. Puede lograr, sin embargo, cambios importantes, cuya bondad se podrían ver a mediano y a largo plazo, siempre que lidere las acciones que necesariamente debemos realizar los venezolanos para hacer realidad los postergados -hoy urgentes- cambios, y su gestión sea pulcra y conforme a los intereses nacionales.


   Los países normalmente se recuperan de manera más o menos rápida o lenta de una catástrofe depen­diendo de su gente y de sus líderes. Aquí tendríamos que decir: dependiendo de sus líderes y de su gente, porque seguimos siendo mesiánicos en nuestro discurso. Es cierto que un buen jefe de gobierno convo­caría a los mejores para su gabinete. Estos ministros deberían convocar, a su vez, a los mejores para las diversas direcciones o institutos a su cargo, y estos directores a los mejores para las jefaturas departa­mentales, y así sucesivamente hacia abajo para lograr una gestión exitosa. Aunque ésto se alcanzara, cosa que de por sí es muy difícil, quedan escollos inmensos por salvar; por decir algunos de ellos: el tejido social está tan destruido como la infraestructura física y la economía del país; las finanzas del estado parecen ser una caja de Pandora, y si son oscuras es probable que sea por algún motivo igualmente turbio; las instituciones están tan disueltas como pueden estarlo. No es de asombrarse, pues el gobierno anunció que para lograr una patria nueva era menester destruir lo viejo. Es un criterio suicida que no compartimos. La innovación, el verdadero cambio es hacerlo sin destruir, a través de la evolución. La tercera vía que nunca tomó, porque no hay imaginación y, ciertamente, creemos que tampoco voluntad para ello, quedó solo como promesa electoral. Hemos sido vilmente engañados.


   No somos el Ave Fénix. Ni siquiera tenemos una voluntad férrea como la de los alemanes, que rescata­ron su nación de las ruinas luego de la II Guerra Mundial, y se reunificaron hace unos 20 años, en un proceso que incluyó el hecho de que media nación tuvo que mantener a la otra media nación mientras éstos últimos aprendían a ser productivos, ya que venían de un régimen comunista que era caldo de cultivo para gente sin capacidades ni motivaciones. Somos un país normal tendiendo a pobre, y ahora tenemos un gran sector de la población acostumbrada a sobrevivir con lo mínimo que le da el gobierno, sin ejercer ninguna actividad productiva, o que se dedica a actividades productivas marginales; cada vez mas alejados de la autarquía.


   El próximo gobierno, si es bueno, solo logrará detener el proceso de deterioro que viene acusando nuestra Venezuela desde hace décadas, y que se ha acentuado exponencialmente en la última. Quizás, si es mejor que bueno, comience la reconstruc­ción, el “milagro venezolano”, y eso no es tarea que se haga rápidamente.

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