Roger Vilain
Para Camila
Tienes siete años, cómo pasa el
tiempo. Estamos sentados, tú y yo, en este café al que me acostumbré a venir
mucho antes de que nacieras. Sabes que disfruto observando, me gusta instalarme
en mi mesa predilecta y disparar miradas, ver pasar la vida, pensar en silencio
mientras doy bocanadas al tabaco y pruebo una taza de café negro o con leche.
Entonces abro mi libro, y tú el
tuyo. Leemos, me acompañas casi a diario y déjame decirte que es una dicha
tenerte enfrente, permanecer largo rato sin decir nada sólo para contemplar
cómo te desgajas hoja a hoja, bebiendo jugo de naranja o mordisqueando tu
merienda, metida de bruces en la historia que descubres poco a poco hasta que
te detienes y me dices, me interrogas, averiguas qué puede significar tal o
cuál palabra extraña, qué encierra aquella frase misteriosa, qué hay detrás de
cierta idea lúgubre u oscura. Luego bajas de nuevo la mirada, continúas
avanzando, y yo también, y me tomo el tiempo necesario para espiarte de reojo y
casi sentir cómo te carcome la emoción por lo que lees, cuánto admiras a esos
personajes que son un unicornio, una princesa, un gusanillo o un gato con
botas.
Pienso entonces en los años, en
los tuyos, en los que vendrán. En este país tan lleno de nada, tan hecho polvo
y carcomido por la demagogia, por lo rápido y lo fácil. En este país cuyo
futuro luce hipotecado por una pandilla de imbéciles embutidos en un cargo, en
un flux y en una ideología, pienso que hacerte una coraza quizás implique el
mejor regalo que puedas darte. Un obsequio que tú misma te entregas a ti misma.
Una coraza no para escapar del exterior a lo cobarde, sino una que te hará más
intuitiva y más sensata y más punzante a la hora de mandar al Diablo, por
ejemplo, a tanto bolsiclón de medio pelo que te tocará hallar en el camino, a
tanto canto de sirena, a tantos seres desvencijados, doblegados, pusilánimes,
oportunistas, estériles, de bastante o poca edad (los años son en verdad lo de
menos) y a tantas encrucijadas que te exigirán optar, analizar, razonar,
decidir, coger aire y lanzarte a tus conquistas. Esa coraza está hecha de
saber, de información, de cultura. De cultura en mayúsculas, sin gríngolas ni
poses, y se obtiene, se logra, se incorpora a tu manera de vivir únicamente
aproximándote al vasto espectro de conocimientos y de ideas, de creación a
fuerza de sacrificios y neuronas que otros han legado desde hace tanto para una
chica como tú… leer +
Publicado en agosto 2011.
No hay comentarios:
Publicar un comentario