Ahora que ya tenemos los dos eslóganes de sendos candidatos que, con opción real, optan por la Presidencia de la República, nuestras reflexiones y sospechas han aflorado. “Hay un camino”, eslogan de la campaña de Henrique Capriles Radonski y “Chávez, corazón de mi patria” el del candidato oficial, simbolizan la dicotomía, diría que ontológica, del Homo Sapiens: pathos y logos. El primero de ellos representa que hay una salida, hay una vía por la cual transitar para mejorar nuestra vida. Esa vía es racional, estudiada, planificada, con alto contenido gerencial. El otro es un llamado al sentimiento, a lo visceral, con lo que ya estaríamos satisfechos como ciudadanos. Con solo tener algo o alguien al que queremos, sin importar un bledo su racionalidad o su raciocinio.
Nuestro cerebro tiene dos componentes para el pathos y el logos: la corteza racional y el cerebro reptiliano, lo animal, lo irracional(1). El uso eficiente del primero es lo que nos distingue de los demás animales, es lo que ha ocasionado que hayamos hecho lo que hemos hecho. El segundo, del que Carl Sagan tanto lamentaba su influencia, es el que nos mueve dentro del mundo de las pasiones, pero también de las insensateces, del comportamiento de bestia animal. No podemos, empero, extirpar las células que componen el complejo R.
En el mundo artístico es donde mejor se aprecia la convergencia mesurada de ambos yos. La racionalidad proporciona la técnica, el análisis y la capacidad mecánica de ejecutar la obra. La irracionalidad funge de condimento que, con el toque de locura que proporciona, enaltece muchas obras (aunque no todas). También en el amor el pathos es el rey, y la alcoba su cetro. Pero a nivel social es otra cosa. La racionalidad es la responsable de marcar la diferencia entre nosotros y el resto del mundo animal, es la que ha parido las normas de comportamiento, los códigos morales, las leyes, la ciencia, la técnica. Gracias a ella podemos pensar, reflexionar y comunicarnos. Podemos, incluso, pensar sobre ella misma y sobre su opuesta, la irracionalidad. El reptil nos sirve de condimento, sin el cual la fría racionalidad sería insípida. Es la sal de la pasión, de las emociones y de los sentimientos. Pero no es al revés, no podríamos tener un orden social gobernado por la irracionalidad, en el que la racionalidad solo aportase la sazón. La sazón la aporta el complejo R.
Se ha dicho que las decisiones las tomamos desde el punto de vista meramente irracional. El amigo y colega Marco Cordero ya lo expuso en este blog en su artículo Neurofilosofía. Yo quisiera pensar que eso es pertinente para las decisiones emergentes, donde la premura es la que gobierna la situación (¿adelanto este vehículo o no?), o donde el análisis racional es sumamente complejo o la decisión es irrelevante (¿qué marca de mostaza voy a comprar?), o donde la vida está en juego (defensa personal). Estas elecciones son las más importantes de la Venezuela contemporánea. Dos formas de ver la vida, casi diametralmente opuestas. Espero que este voto sea pensado por cada elector, sea reflexionado y no apasionado.
Se ha dicho que las decisiones las tomamos desde el punto de vista meramente irracional. El amigo y colega Marco Cordero ya lo expuso en este blog en su artículo Neurofilosofía. Yo quisiera pensar que eso es pertinente para las decisiones emergentes, donde la premura es la que gobierna la situación (¿adelanto este vehículo o no?), o donde el análisis racional es sumamente complejo o la decisión es irrelevante (¿qué marca de mostaza voy a comprar?), o donde la vida está en juego (defensa personal). Estas elecciones son las más importantes de la Venezuela contemporánea. Dos formas de ver la vida, casi diametralmente opuestas. Espero que este voto sea pensado por cada elector, sea reflexionado y no apasionado.
El 7O sabremos si los venezolanos somos más racionales o más irracionales. Si prevalece en nuestras mentes la racionalidad con un toque de irracionalidad o, al contrario, si es ésta la que orienta nuestra vida, dejando marginada a la racionalidad que ha construido el mundo. Es así de simple. ¿Le daremos oportunidad a Mario Vargas Llosa para que publique “El sepelio de una nación”, segunda parte de su célebre artículo, o a que publique algo que nos enaltezca como pueblo?
(1) En este artículo empleo indistintamente los conceptos de irracional y de arracional con la denominación irracional; entendiendo la irracionalidad como contraria a la razón, mientras que la arracionalidad es simplemente la ausencia de razón, pero no necesariamente contraria a ella.

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