Guillermo David Mosquera C.
Cuando ya faltan menos de 48 horas para nuestra cita electoral, por un lado se comienzan a distender las presiones por impulsar la campaña de cada sector y de manera directamente proporcional, crece exponencialmente la tensión ante la inminencia de la fecha en que hemos de conocer los resultados conclusivos.
Cualquier observación de la realidad, responde inexorablemente a nuestra inclinación y esperanzas, la objetividad se aleja de nuestro alcance ante tan vigorosa ebullición de sentimientos y pasiones, por lo que aventurar conjeturas o aproximaciones sobre posibles resultados no es útil.
Si acaso hay un hecho cierto, es que “ya las cartas están echadas”. Solo la excepción de un fortuito hecho de la naturaleza, podría cambiar la tendencia que hoy domina el escenario político electoral. Dos visiones del mundo entran nuevamente a medirse y dirimir mayoría, más allá de los elementos que se añaden de manera contingente a cada uno de los paradigmas encontrados, hay una esencia que no se diluye ni puede ser matizada o disfrazada; por un lado y siendo la que marcó el compás durante estos catorce años de gobierno, una visión de un mundo homogéneo, que pretende establecer una visión única e impuesta. Se ha intentado anular nuestra historia para imponer un modo de vida con esquemas regresivos tales como el trueque, la abolición de la propiedad privada en nombre del estado todopoderoso, la centralización por sobre la federación… y algo en que quizá no se detuvieron a pensar o prever resultados y consecuencias, la desintegración de los continentes morales tradicionales y de la meritocracia como una forma de regulación en las normas de convivencia y producción respectivamente.
Sin duda, no podemos quitarle el mérito de haber puesto la atención sobre el factor social y la asistencia a los menos aventajados. Aunque en anteriores escritos y lo sigo sosteniendo, esto ha sido una urgencia histórica ya que el mundo entero comenzaba a virar su mirada sobre éste asunto. Sin embargo, el haber tomado la iniciativa es un protagonismo que no se les puede negar.
Sin embargo, atención en forma de un aumento desmedido de la dádiva y la asistencia sin valor de retorno ha sido un desacierto enorme por cuanto hemos acrecentado la autocompasión y desestimulado la creatividad para el autosostenimiento. Se ha hipertrofiado de modo exponencial el Estado para acrecentar su inercia. No es necesario que ahondemos en los detalles de los demás aspectos de la gestión, la inseguridad, el desempleo, la salud, la infraestructura del país, la educación… y lo más triste de todo, un ambiente polarizado y crispado que amerita un esfuerzo denodado y sostenido por parte de los ciudadanos conscientes, por mantener la paz y la armonía a pesar de todo.
No es pues objeto de estas líneas, detenerse en los detalles de lo que padecemos y carecemos, lo que deseamos resaltar es nuestro deseo para que la mejor parte de la personalidad de los venezolanos sea la que gobierne los sentidos y el alma de este proceso. Que la razón prive y subsista por encima de los demonios de la confrontación. Que nuestro don de gente sea la vía de encuentro para ir juntos y definir la ruta que habremos de seguir consecuentemente por los siguientes años. Sin separatismos y sin revanchismos.
Que nuestra tradicional bonhomía ocupe cada espacio de nuestra alma y nos permita dirimir esta incógnita en paz y que en armonía se emprenda el camino de la reconstrucción y el progreso. No queremos que intereses mezquinos empañen este sagrado acto de manifestación voluntaria y ciudadana de escoger. Hay mucho por construir, hay mucho por avanzar, solo falta que todos nos incorporemos a trabajar por una Venezuela mejor, con trabajo, estudio, conocimiento, ganas y verdadera voluntad de hacerlo mejor y cada vez mejor.
Que retomemos el poder de nuestro arraigo popular de construir personas bondadosas, llenas de humor y con la picardía que siempre ha distinguido al venezolano pero de una manera constructiva y sin rivalidades hostiles.
Dios bendiga esta patria y que el lunes sea un día más en que nos llenemos de tráfico y prisa por alcanzar al tiempo, pero con la expectativa segura de que los tiempos serán mejores y que vamos a lograrlo.
G. D. Mosquera C.
Oct. 2012.
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