Francisco José Virtuoso, S. J.
La secularización de la política
ha sido un reclamo de la modernidad desde las nefastas guerras de religión del
siglo XVIII. La ilustración filosófica de Locke, Montesquieu, Hume, Rousseau,
Kant entre muchos otros, pusieron en claro que la libertad es la esencia de la
religión.
Se tiene fe porque se está
persuadido y convencido internamente, no porque ningún poder político lo
impone. Se rompe de esta manera la religión del Estado, aquella que se práctica
al amparo del poder de coacción civil y militar. De igual forma las acciones
políticas deben justificarse a sí mismas en razón de su conformidad con los
derechos humanos, los principios y normas constitucionales, el derecho
internacional y la naturaleza de la forma de Estado convenido.
Por su misma naturaleza la acción
política está siempre circunscrita a unos límites muy determinados y precisos.
Los ciudadanos deben vigilar que las acciones de los gobernantes se ajusten a
los principios de legitimidad de origen y de procedimiento que la sustentan y
que son empíricamente verificables.
La naturaleza libre y democrática
de las sociedades deseables refuerza lo anterior desde la dinámica permanente
de participación de los ciudadanos en la vida pública. La acción del Estado y
los gobernantes debe ser constantemente evaluada por la sociedad civil y
contrastada con las aspiraciones del bien común.
Así pues, como las religiones y
las iglesias deben ser libres del Estado para garantizar la libertad de los
creyentes, así también la política debe ser una actividad no confesional, solo
vinculada a los referentes que la comunidad política ha constituido y a la
legitimidad democrática que sustenta sus prácticas.
En Venezuela, el Gobierno
desarrolla un proyecto socialista que adjetiva como cristiano. Tenemos un
Presidente que en nombre del "verdadero cristianismo" fustiga el
discurso y las acciones de la jerarquía de la Iglesia Católica. El partido
oficial, convoca a una oración por la salud del Presidente. Muchas misiones
sociales han sido bautizadas con nombres de clara referencia a la religiosidad
popular.
Si algo ha pretendido el chavismo
es venderse como un proyecto político que hunde sus raíces en nuestras
tradiciones míticas y en la religiosidad común del venezolano, esa en la que no
hay contradicción entre profesarse católico y a la vez practicar la santería
cubana rezarle a María Lionza y al Dr. José Gregorio Hernández.
Nuestro populismo se fortalece en
la promoción religiosa de su principal líder y de su proyecto político y en la
configuración de un partido que en sus manifestaciones televisivas se asemeja a
una iglesia fundamentalista.
A los venezolanos nos conviene
menos religión en la política y más trascendencia religiosa.
(El Universal, 26/03/2012).
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