Nos embarcamos y no nos embarcamos en los mismos ríos, somos y no somos. Heráclito.

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En este blog, Profesores y alumnos del Postgrado de Maestría en Filosofía de la UCAB Guayana, publicamos nuestras reflexiones sobre las ideas y el diario acontecer de nuestro entorno.

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"Las dictaduras fomentan la opresión, las dictaduras fomentan el servilismo, las dictaduras fomentan la crueldad más abominable: es el hecho de que fomentan la idiotez. Botones que balbucean imperativos, efigies de líderes, vivas y mueras prefijados, muros exornados de nombres, ceremonias unánimes, la mera disciplina usurpando el lugar de la lucidez... Combatir esas tristes monotonías es uno de los muchos deberes de un escritor".

Jorge Luis Borges

martes, marzo 13, 2012

¿Qué gobernante necesitamos?



Conversatorio

       La noche del pasado 10 de febrero[1], se realizó un conversatorio en torno a los “itinerarios filosóficos y espacios democráticos”. El evento inició con la exposición de las concepciones de gobierno que tenían Platón y Hobbes. Mientras que el primero abogaba por el “filósofo rey”, el gobernante magisterial, el filósofo inglés nos legó la idea de un gobernante administrador, mediador, que regula la aplicación de las leyes en la sociedad. Ambas ideas son tentadoras, y en un determinado momento un país puede requerir de un tipo de gobernante y luego de otro. El gobernante maestro o sabio, puede seducir al comienzo pero, debido a la naturaleza humana de querer imponerse a los semejantes, se corre el riesgo de caer en un totalitarismo conducente a un pensamiento único. El gobernante administrador se limita a hacer que las cosas funcionen, mientras que es la sociedad per sé la que se encarga de su crecimiento intelectual. También este gobernante puede degenerar en formas aberrantes de comportamiento político. Este vigente tema nos trae, indefectiblemente, a la Venezuela de hoy. No debemos preguntarnos qué gobernante queremos, mas qué gobernante necesitamos.

Lo que tenemos

       El día 12 de febrero se realizaron las elecciones primarias, en las que los candidatos de mayor opción tenían un claro perfil de gerentes. El gobierno que actualmente tenemos es del tipo magisterial (pero que solo ha enseñado antivalores y violencia), que ha caído en la espiral que le lleva del autoritarismo al totalitarismo: quiere que todos los ciudadanos sigamos un modelo único de pensamiento, so pena de ser considerados traidores a la patria (o calificativos peyorativos similares), en caso de disentir. El fundamentalismo tropical en el que el gendarme necesario es el paterfamilias de su pueblo, que no del pueblo en su totalidad. Un cesarismo democrático regresivo. Hoy cada día crece el número de ciudadanos dependientes de un gobierno que invade cada vez más los espacios económicos, sociales, políticos, culturales, incluso personales. Habitantes al servicio de un gobierno que se ha devorado al Estado, ha acabado con las instituciones y ha colocado la economía nacional en situación precaria.

       Sincretismo de oclocracia, cleptocracia, comunismo, castrismo, totalitarismo, cesarismo y fascismo. Quizás tenga más ingredientes. Una perla de gobierno. Probablemente el peor que ha tenido Venezuela ¿Por qué lo escogimos democráticamente? Intentando dar cuenta de ello y defendiendo a la inmensa mayoría de electores que lo catapultaron al poder, se puede decir que sencillamente cautivó con su discurso electoral y luego realizó un viraje de 180 grados hacia un comunismo castrista con los demás elementos mencionados anteriormente. Entre muchas de las ofertas se encontraban: un tercer camino entre el “capitalismo salvaje” y el “socialismo” para desarrollar el país y eliminar la pobreza, poner “orden” en la administración pública, castigando y evitando la corrupción administrativa, y también en la inseguridad personal que ya hacía mella en la sociedad, y “sembrar el petróleo”. Hoy el país es presa del castro comunismo, que incluye acólitos del régimen cubano regentando cargos de importancia administrativa en el gobierno, la corrupción es simplemente insólita y descarada, y sobre la inseguridad solo un número lo dice todo: un ciudadano es asesinado por arma de fuego cada 30 minutos. Han ingresado en los últimos 13 años el monto aproximado de 10 a 12 veces el del Plan Marshall[2], el país es más tercermundista que hace 30 años, tiene más pobreza que antes, pues la clase media va camino a ser pobre gracias a las confiscaciones, calificadas por el régimen como “expropiaciones”, y es demandado por una deuda externa de unos 140.000 millones de dólares.

       ¿Por qué es popular? Parece ser porque mantiene un discurso afectivo-religioso hacia sus simpatizantes, cargado de odio hacia enemigos imaginarios que son los culpables de la desdicha del pobre pueblo. El imperio gringo, los “oligarcas” (calificativo que parece significar los ricos), el capitalismo, son típicos enemigos nuestros que no nos han hecho progresar. Como aderezo, el pregón “ser rico es malo”, como bastión de una filosofía de vida, ya fracasada en varias latitudes, que intenta adoctrinar al pueblo. Todo esto es de gran placer para sus seguidores, que ven con beneplácito como van cayendo los pudientes a los que se les confisca los bienes o se les estrangula económicamente, tal como señalara Aristóteles hace más de dos mil años. La vieja y caduca “lucha de clases”. El gobierno actual se ha dedicado exclusivamente al proselitismo político, 13 años de campaña electoral, no ha gerenciado el país. Incluso algo que se había superado parcialmente, como la calidad de los servicios públicos, ha retrocedido unas dos décadas.

El gerente

       Venezuela necesita actualmente de un gerente de la cosa pública, un administrador de la economía, un garante de las leyes. Si el próximo presidente es del oficialismo, indudablemente que el estado de cosas seguirán el curso que actualmente tienen, con tendencia hacia el empeoramiento del país. Si no es así, entonces deberá intentar mejoras, algunas de ellas impostergables. Éstas –las impostergables- son: reconciliación nacional entre los sectores que se adversan, para lograr la paz social; separación de poderes, para decretar el estado democrático; obediencia a las leyes, para regresar al estado de derecho y motivar la inversión que reducirá el desempleo; control del hampa común y del hampa organizada, para que los habitantes nos sintamos confiados y seguros en los sitios públicos; rescate de los valores morales a través del ejemplo y la educación, pues los antivalores han llegado al extremo de que el presidente actual le llama “buenandros” a los malandros (algo insólito) y han permitido el entronizamiento de la anomia generalizada; lucha contra la corrupción y contra la pobreza; poner orden en las finanzas públicas; recuperar la imagen de nuestro país en el exterior. Si el próximo gobierno (de oposición, evidentemente) logra realizar estas tareas, nos podemos dar por satisfechos, pues las aguas podrán retornar a su cauce. Para ello se requiere no solamente las acciones del gobierno, sino nuestro aporte. Al menos el de aquellos que queremos un país normal.


[1] En la UCAB-Guayana.
[2] Con el Plan Marshall (con un Plan Marshall) se recuperaron 17 países destruidos durante la II Guerra Mundial.

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