Conversatorio
La noche del pasado 10 de febrero[1],
se realizó un conversatorio en torno a los “itinerarios filosóficos y espacios
democráticos”. El evento inició con la exposición de las concepciones de
gobierno que tenían Platón
y Hobbes. Mientras que el
primero abogaba por el “filósofo rey”, el gobernante magisterial, el filósofo
inglés nos legó la idea de un gobernante administrador, mediador, que regula la
aplicación de las leyes en la sociedad. Ambas ideas son tentadoras, y en un
determinado momento un país puede requerir de un tipo de gobernante y luego de
otro. El gobernante maestro o sabio, puede seducir al comienzo pero, debido a
la naturaleza humana de querer imponerse a los semejantes, se corre el riesgo
de caer en un totalitarismo conducente a un pensamiento único. El gobernante
administrador se limita a hacer que las cosas funcionen, mientras que es la
sociedad per sé la que se encarga de su crecimiento intelectual. También este
gobernante puede degenerar en formas aberrantes de comportamiento político. Este
vigente tema nos trae, indefectiblemente, a la Venezuela de hoy. No debemos
preguntarnos qué gobernante queremos, mas qué gobernante necesitamos.
Lo que tenemos
El día 12 de febrero se
realizaron las elecciones primarias, en las que los candidatos de mayor opción
tenían un claro perfil de gerentes. El gobierno que actualmente tenemos es del
tipo magisterial (pero que solo ha enseñado antivalores y violencia), que ha caído en la espiral que le lleva del autoritarismo al totalitarismo: quiere que
todos los ciudadanos sigamos un modelo único de pensamiento, so pena de ser
considerados traidores a la patria (o calificativos peyorativos similares), en
caso de disentir. El fundamentalismo tropical en el que el gendarme necesario
es el paterfamilias de su pueblo, que
no del pueblo en su totalidad. Un cesarismo democrático
regresivo. Hoy cada día crece el número de ciudadanos dependientes de un
gobierno que invade cada vez más los espacios económicos, sociales, políticos,
culturales, incluso personales. Habitantes al servicio de un gobierno que se ha
devorado al Estado, ha acabado con las instituciones y ha colocado la economía
nacional en situación precaria.
Sincretismo de oclocracia,
cleptocracia, comunismo, castrismo, totalitarismo, cesarismo y fascismo. Quizás
tenga más ingredientes. Una perla de gobierno. Probablemente el peor que ha
tenido Venezuela ¿Por qué lo escogimos democráticamente? Intentando dar cuenta
de ello y defendiendo a la inmensa mayoría de electores que lo catapultaron al
poder, se puede decir que sencillamente cautivó con su discurso electoral y
luego realizó un viraje de 180 grados hacia un comunismo castrista con los
demás elementos mencionados anteriormente. Entre muchas de las ofertas se
encontraban: un tercer camino entre el “capitalismo salvaje” y el “socialismo”
para desarrollar el país y eliminar la pobreza, poner “orden” en la
administración pública, castigando y evitando la corrupción administrativa, y
también en la inseguridad personal que ya hacía mella en la sociedad, y “sembrar
el petróleo”. Hoy el país es presa del castro comunismo, que incluye acólitos
del régimen cubano regentando cargos de importancia administrativa en el
gobierno, la corrupción es simplemente insólita y descarada, y sobre la inseguridad
solo un número lo dice todo: un ciudadano es asesinado por arma de fuego cada
30 minutos. Han ingresado en los últimos 13 años el monto aproximado de 10 a 12
veces el del Plan Marshall[2],
el país es más tercermundista que hace 30 años, tiene más pobreza que antes,
pues la clase media va camino a ser pobre gracias a las confiscaciones,
calificadas por el régimen como “expropiaciones”, y es demandado por una deuda externa
de unos 140.000 millones de dólares.
¿Por qué es popular? Parece ser porque
mantiene un discurso afectivo-religioso hacia sus simpatizantes, cargado de
odio hacia enemigos imaginarios que son los culpables de la desdicha del pobre
pueblo. El imperio gringo, los “oligarcas” (calificativo que parece significar
los ricos), el capitalismo, son típicos enemigos nuestros que no nos han hecho
progresar. Como aderezo, el pregón “ser rico es malo”, como bastión de una
filosofía de vida, ya fracasada en varias latitudes, que intenta adoctrinar al
pueblo. Todo esto es de gran placer para sus seguidores, que ven con
beneplácito como van cayendo los pudientes a los que se les confisca los bienes
o se les estrangula económicamente, tal como señalara Aristóteles hace más
de dos mil años. La vieja y caduca “lucha de clases”. El gobierno actual se ha
dedicado exclusivamente al proselitismo político, 13 años de campaña electoral,
no ha gerenciado el país. Incluso algo que se había superado parcialmente, como
la calidad de los servicios públicos, ha retrocedido unas dos décadas.
El gerente
Venezuela necesita actualmente de
un gerente de la cosa pública, un administrador de la economía, un garante de
las leyes. Si el próximo presidente es del oficialismo, indudablemente que el
estado de cosas seguirán el curso que actualmente tienen, con tendencia hacia
el empeoramiento del país. Si no es así, entonces deberá intentar mejoras,
algunas de ellas impostergables. Éstas –las impostergables- son: reconciliación
nacional entre los sectores que se adversan, para lograr la paz social; separación
de poderes, para decretar el estado democrático; obediencia a las leyes, para
regresar al estado de derecho y motivar la inversión que reducirá el desempleo;
control del hampa común y del hampa organizada, para que los habitantes nos
sintamos confiados y seguros en los sitios públicos; rescate de los valores
morales a través del ejemplo y la educación, pues los antivalores han llegado
al extremo de que el presidente actual le llama “buenandros” a los malandros (algo
insólito) y han permitido el entronizamiento de la anomia generalizada; lucha
contra la corrupción y contra la pobreza; poner orden en las finanzas públicas;
recuperar la imagen de nuestro país en el exterior. Si el próximo gobierno (de
oposición, evidentemente) logra realizar estas tareas, nos podemos dar por satisfechos,
pues las aguas podrán retornar a su cauce. Para ello se requiere no solamente las acciones
del gobierno, sino nuestro aporte. Al menos el de aquellos
que queremos un país normal.

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