El triunfo electoral depende de cómo los actores incidan en la cotidianidad de la gente
Francisco José Virtuoso S.J.
Los venezolanos estamos permanentemente enfrentados a dos visiones de país. En una se nos presenta un cuadro desesperanzador en el que aparecen reiteradamente las más variadas dificultades y contrariedades que nos amargan la vida: desempleo, inseguridad, inflación, ineficiencia gubernamental, escasez alimentaria, vías de comunicación deterioradas, sistema eléctrico en permanente colapso, y pare usted de contar. Al lado de este cuadro, el emporio mediático gubernamental intenta pintar otro paisaje, en donde el "Estado mágico", dirigido por la "carismática" voluntad del Presidente de la República, se encarga no sólo de negar sistemáticamente esa versión de la realidad, sino de presentarnos un paraíso en construcción que muchos no somos capaces de ver a simple vista.
No importa la versión de la realidad que usted escoja, lo que no queda duda es que estamos frente a una gran contradicción. La sana lógica indica que una proposición no puede ser verdadera y falsa a la vez.
En Venezuela, parece que nos hemos acostumbrado a mirar la realidad del país desde dos autopistas que corren en paralelo. Por un lado van los grandes problemas que tarde o temprano terminan afectándonos, porque están aquí y son reales. Pero, por otra parte, si la mano benefactora o ilusionista del Estado mágico llegó a mi vida cotidiana, probablemente termine concluyendo que al país le va muy mal, pero a mí no tanto.
Según algunas estimaciones, aproximadamente cuatro millones de venezolanos pertenecen a la nómina del Gobierno bajo diversos mecanismos, bien sea como empleado o beneficiario de algún tipo de recurso. Hay también pequeños, medianos y grandes empresarios que han hecho buenos negocios gracias a sus alianzas políticas. Muchos consejos comunales, comunas y organizaciones comunitarias en general, han logrado algunas reivindicaciones sociales. Las misiones sociales, aunque deficitarias proporcionan a sectores pobres acceso a servicios de salud, vivienda, educación y alimentación.
Nos estamos acostumbrando a vivir esta contradicción y a incorporarla en nuestro modo de construir socialmente nuestra visión y discurso sobre el país y su realidad. La convivencia con la contradicción se hace todavía más llevadera si sumamos los recursos y la maquinaria política con la que cuenta el Gobierno para convocar y movilizar a millares de personas, para promover y alentar expectativas que buscan poner el paraíso prometido al alcance de la mano.
El triunfo electoral de las opciones en juego en octubre de 2012 depende de cómo sus actores incidan en la cotidianidad de la gente y desde allí construyan la percepción social de la realidad del país.
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