Nos embarcamos y no nos embarcamos en los mismos ríos, somos y no somos. Heráclito.

Bienvenid@

Bienvenid@

En este blog, Profesores y alumnos del Postgrado de Maestría en Filosofía de la UCAB Guayana, publicamos nuestras reflexiones sobre las ideas y el diario acontecer de nuestro entorno.

Le invitamos a participar en esta discusión abierta.

¡No olvide dejar su comentario!

"Las dictaduras fomentan la opresión, las dictaduras fomentan el servilismo, las dictaduras fomentan la crueldad más abominable: es el hecho de que fomentan la idiotez. Botones que balbucean imperativos, efigies de líderes, vivas y mueras prefijados, muros exornados de nombres, ceremonias unánimes, la mera disciplina usurpando el lugar de la lucidez... Combatir esas tristes monotonías es uno de los muchos deberes de un escritor".

Jorge Luis Borges

lunes, mayo 07, 2012

LA CONTRADEMOCRACIA

EL BÚHO DE MINERVA


Diego Márquez Castro




Leemos un interesante ensayo del periodista Emilio Andreu, de Radio Nacional de España, en torno al tema: Vigilando las democracias; vigilando el populismo, en el cual analiza el papel de los medios tanto en los procesos electorales como en la auditoría ciudadana a los gobiernos. A los efectos cita un libro del profesor Manuel Castells que lleva por título La era de la información, a través del cual popularizó el término de “política informacional” para explicar las relaciones entre los medios de comunicación social y la política. De acuerdo al académico cuatro son sus puntos de anclaje, a saber: la televisión, la mercadotecnia política, el sondeo inmediato como instrumento de navegación y el escándalo como estrategia.

Desde esa perspectiva Andreu plantea su convicción sobre la aplicación de ese paradigma en casi todas partes del mundo, en torno a lo cual señala: “Los medios continúan siendo entendidos no sólo como la ilación con la opinión pública -estrato culto, educado de la sociedad y, por ende, con capacidad para comprender la realidad e intervenir en ella-, sino también, y principalmente como vehículos fundamentales de comunicación, influencia y persuasión mediante mensaje simples y ambivalentes, que son, bien lo sabe la publicidad, los más efectivos. No obstante, para convencer a las audiencias se precisa de una constante sin la cual las informaciones carecen de valor: la credibilidad”. Basta hacer referencia a lo sucedido en Venezuela a partir de los resultados electorales de las primarias de la unidad democrática ¿Cuáles han sido los argumentos manejados desde el alto gobierno y su jefe? Y un poco más hacia acá: la situación de la enfermedad presidencial y su manejo desde el aparataje mediático del Estado. Un simple análisis de los contenidos a los mensajes expuestos en torno al tema llevan a una conclusión: la “política informacional” del gobierno, tanto desde lo técnico como desde lo conceptual es un fracaso. Si creen que ganar la credibilidad de una sociedad como la nuestra consiste en saturarla con cadenas y propaganda, están equivocados.

En otra de sus obras: Comunicación y poder, el profesor Castells es de la opinión que la política constituye un proceso de asignación de poder en las instituciones del Estado y en tal sentido, las relaciones de poder se basan en la capacidad para modelar las mentes, construyendo significados a través de la comunicación de imágenes. Este científico social de renombre internacional señala los atributos de la “política informacional”: la simplificación de los mensajes; el uso compulsivo, constante, de sondeos y encuestas; la personalización de los ataques para debilitar al adversario, y que conduce a la difamación como arma arrojadiza.

Pero, atención, en una democracia como tal habrán los mecanismos de control ciudadano que le recordarán al gobierno hasta dónde llegan sus límites mediáticos y su vulnerabilidad ante las acciones que desde la sociedad puedan tomarse en su contra.

Entramos así en el terreno que el filósofo francés Pierre Rosanvallon, citado igualmente por Andreu, describe y despliega en su libro: La contrademocracia. La política en la era de la desconfianza. Allí el autor observa cómo los sistemas democráticos formales ya no sólo dependen de los procesos electorales sino en gran medida de la vigilancia y la presión que mantiene una ciudadanía sobre quienes ha depositado su confianza. No se trata de un cuestionamiento inmisericorde de las instituciones. La “contrademocracia” no es oposición a la democracia, es un ejercicio reactivo que lleva a los ciudadanos a someter a los poderes a un permanente “estrés test”, obligando a los gobiernos a no tener que solamente argumentar sus decisiones sino también a adoptarlas con el mayor consenso posible. Se abre así el camino como parte del sistema de poderes y contrapoderes que hace posible la cohabitación democrática. Para Rosanvallon “el buen ciudadano no es sólo quien vota de vez en cuando sino también quien vigila permanentemente, quien interpela a los poderes, los critica y los juzga” sin el temor a ser acusado y penalizado por una justicia politizada y parcializada…

No hay comentarios:

Publicar un comentario