EL BÚHO DE MINERVA
Diego Márquez Castro
Leemos un interesante ensayo del periodista Emilio Andreu, de Radio Nacional de España, en torno al tema: Vigilando las democracias; vigilando el populismo, en el cual analiza el papel de los medios tanto en los procesos electorales como en la auditoría ciudadana a los gobiernos. A los efectos cita un libro del profesor Manuel Castells que lleva por título La era de la información, a través del cual popularizó el término de “política informacional” para explicar las relaciones entre los medios de comunicación social y la política. De acuerdo al académico cuatro son sus puntos de anclaje, a saber: la televisión, la mercadotecnia política, el sondeo inmediato como instrumento de navegación y el escándalo como estrategia.
Desde esa perspectiva Andreu
plantea su convicción sobre la aplicación de ese paradigma en casi todas partes
del mundo, en torno a lo cual señala: “Los medios continúan siendo entendidos
no sólo como la ilación con la opinión pública -estrato culto, educado de la
sociedad y, por ende, con capacidad para comprender la realidad e intervenir en
ella-, sino también, y principalmente como vehículos fundamentales de
comunicación, influencia y persuasión mediante mensaje simples y ambivalentes,
que son, bien lo sabe la publicidad, los más efectivos. No obstante, para
convencer a las audiencias se precisa de una constante sin la cual las
informaciones carecen de valor: la credibilidad”. Basta hacer referencia a lo
sucedido en Venezuela a partir de los resultados electorales de las primarias
de la unidad democrática ¿Cuáles han sido los argumentos manejados desde el
alto gobierno y su jefe? Y un poco más hacia acá: la situación de la enfermedad
presidencial y su manejo desde el aparataje mediático del Estado. Un simple
análisis de los contenidos a los mensajes expuestos en torno al tema llevan a
una conclusión: la “política informacional” del gobierno, tanto desde lo
técnico como desde lo conceptual es un fracaso. Si creen que ganar la
credibilidad de una sociedad como la nuestra consiste en saturarla con cadenas
y propaganda, están equivocados.
En otra de sus obras:
Comunicación y poder, el profesor Castells es de la opinión que la política
constituye un proceso de asignación de poder en las instituciones del Estado y
en tal sentido, las relaciones de poder se basan en la capacidad para modelar
las mentes, construyendo significados a través de la comunicación de imágenes.
Este científico social de renombre internacional señala los atributos de la
“política informacional”: la simplificación de los mensajes; el uso compulsivo,
constante, de sondeos y encuestas; la personalización de los ataques para
debilitar al adversario, y que conduce a la difamación como arma arrojadiza.
Pero, atención, en una democracia
como tal habrán los mecanismos de control ciudadano que le recordarán al
gobierno hasta dónde llegan sus límites mediáticos y su vulnerabilidad ante las
acciones que desde la sociedad puedan tomarse en su contra.
Entramos así en el terreno que el
filósofo francés Pierre Rosanvallon, citado igualmente por Andreu, describe y
despliega en su libro: La contrademocracia. La política en la era de la
desconfianza. Allí el autor observa cómo los sistemas democráticos formales ya
no sólo dependen de los procesos electorales sino en gran medida de la
vigilancia y la presión que mantiene una ciudadanía sobre quienes ha depositado
su confianza. No se trata de un cuestionamiento inmisericorde de las
instituciones. La “contrademocracia” no es oposición a la democracia, es un
ejercicio reactivo que lleva a los ciudadanos a someter a los poderes a un
permanente “estrés test”, obligando a los gobiernos a no tener que solamente
argumentar sus decisiones sino también a adoptarlas con el mayor consenso
posible. Se abre así el camino como parte del sistema de poderes y contrapoderes
que hace posible la cohabitación democrática. Para Rosanvallon “el buen
ciudadano no es sólo quien vota de vez en cuando sino también quien vigila
permanentemente, quien interpela a los poderes, los critica y los juzga” sin el
temor a ser acusado y penalizado por una justicia politizada y parcializada…

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