EL BÚHO DE MINERVA
Diego Márquez Castro
En esas revisiones
de biblioteca que usualmente hacemos como parte de nuestro ejercicio académico
ha salido a nuestro encuentro un libro muy interesante que lleva por
título Meditaciones
sobre el Socialismo, del filósofo
polaco Adam Schaff, un hombre
de izquierda que vivió con
intensidad los procesos políticos en su país que desembocaron en la caída del
comunismo y ante tal situación que generó en la intelectualidad de Polonia no
pocas interrogantes y análisis, se propuso poner las cartas sobre la mesa
manifestando que vivimos en una época de grandes transformaciones y dentro de
ese contexto “la crisis del movimiento socialista se expresa, entre otras
cosas, en la falta de fe entre sus militantes y, aun más, entre las amplias
capas de la sociedad, en cuanto a la posibilidad de construir un régimen
socialista”. En uno de los capítulos de la mencionada obra, su autor desvela
desde un ejercicio filosófico el porqué la gente está desilusionada del
socialismo y en tal sentido precisa: “necesitamos saber por qué la gente se
aparta del socialismo. Sabemos por experiencia propia cuán destructora fue esa
experiencia, pero el desencanto de la gente con el socialismo es un fenómeno
mucho más amplio y profundo”. Seguidamente Schaff apunta: “me refiero al
desencanto con la ideología y los postulados del socialismo, que se basan en
una determinada escala de valores y que proponen la sustitución del sistema
capitalista por un régimen mejor: el socialismo”.
Señala el filósofo que las causas de ese desencanto, de esa pérdida de credibilidad en la oferta socialista, en principio seductora y atractiva “pueden tener fuentes teóricas y prácticas, pero entre las principales hay que mencionar la visible incompatibilidad que quedó demostrada al menos en nuestra época y provocó el hundimiento de todo el sistema del socialismo real, levantado con los sacrificios y la sangre de mucha gente. El socialismo real demostró que desde el punto de vista económico era un sistema ineficaz y para mantenerse tuvo que hacer uso de la represión e incluso del crimen. Es evidente que podríamos tratar de justificar lo que sucedió culpando a los dirigentes y a los errores que cometieron y que hay que decirlo, desde el principio condenaron al régimen al fracaso; pero tal argumento no convence”.
Continuando con una suerte de disección in situ al socialismo real, que paradójicamente quieren vendernos ahora, con nuevo empaque, en tierras americanas y venezolanas particularmente, Schaff enfatiza que el fracaso del socialismo real quebrantó la fe en dicho sistema “incluso de grandes combatientes por su causa, de gente que lo entregó y sacrificó todo por ella”. ¿Dónde quedó el discurso igualitarista ante una nueva clase, una nueva burguesía, que creció al amparo de un sistema que se proclamaba defensor de la clase trabajadora? ¿y qué pasó con los privilegiados y los arribistas? ¿y cómo tragarse la figura del líder único e indiscutible? ¿y hasta dónde el abuso del poder y el culto a la personalidad?
El filósofo avanza en sus observaciones y explica que el fracaso del socialismo real, aunque es con probabilidad la causa fundamental del desencanto generalizado, obviamente no constituye la única: “el desencanto ha afectado a muchísima gente que se sentía ligada al socialismo y que, incluso, participó activamente en su construcción. Es evidente que en la mayoría de los casos nos enfrentamos a una desilusión ante el socialismo provocada por el fracaso de su realización práctica. La ineficacia demostrada por el socialismo y el tremendo costo humano que supuso su construcción y mantenimiento desilusionaron a la gente”. Tomándole la palabra a Alvin Toffler: el socialismo de Estado no llevó a la riqueza, la igualdad y la libertad en las sociedades donde fue implantado; simplemente, no funcionó: “el socialismo colisionó con el futuro”.

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