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"Las dictaduras fomentan la opresión, las dictaduras fomentan el servilismo, las dictaduras fomentan la crueldad más abominable: es el hecho de que fomentan la idiotez. Botones que balbucean imperativos, efigies de líderes, vivas y mueras prefijados, muros exornados de nombres, ceremonias unánimes, la mera disciplina usurpando el lugar de la lucidez... Combatir esas tristes monotonías es uno de los muchos deberes de un escritor".

Jorge Luis Borges

lunes, junio 11, 2012

Socialismo: desilusión y desencanto

EL BÚHO DE MINERVA




Diego Márquez Castro




En esas revisiones de biblioteca que usualmente hacemos como parte de nuestro ejercicio académico ha salido a nuestro encuentro un libro muy interesante que lleva por título Meditaciones sobre el Socialismo, del filósofo polaco Adam Schaff, un hombre de izquierda que vivió con intensidad los procesos políticos en su país que desembocaron en la caída del comunismo y ante tal situación que generó en la intelectualidad de Polonia no pocas interrogantes y análisis, se propuso poner las cartas sobre la mesa manifestando que vivimos en una época de grandes transformaciones y dentro de ese contexto “la crisis del movimiento socialista se expresa, entre otras cosas, en la falta de fe entre sus militantes y, aun más, entre las amplias capas de la sociedad, en cuanto a la posibilidad de construir un régimen socialista”. En uno de los capítulos de la mencionada obra, su autor desvela desde un ejercicio filosófico el porqué la gente está desilusionada del socialismo y en tal sentido precisa: “necesitamos saber por qué la gente se aparta del socialismo. Sabemos por experiencia propia cuán destructora fue esa experiencia, pero el desencanto de la gente con el socialismo es un fenómeno mucho más amplio y profundo”. Seguidamente Schaff apunta: “me refiero al desencanto con la ideología y los postulados del socialismo, que se basan en una determinada escala de valores y que proponen la sustitución del sistema capitalista por un régimen mejor: el socialismo”.

Señala el filósofo que las causas de ese desencanto, de esa pérdida de credibilidad en la oferta socialista, en principio seductora y atractiva “pueden tener fuentes teóricas y prácticas, pero entre las principales hay que mencionar la visible incompatibilidad que quedó demostrada al menos en nuestra época y provocó el hundimiento de todo el sistema del socialismo real, levantado con los sacrificios y la sangre de mucha gente. El socialismo real demostró que desde el punto de vista económico era un sistema ineficaz y para mantenerse tuvo que hacer uso de la represión e incluso del crimen. Es evidente que podríamos tratar de justificar lo que sucedió culpando a los dirigentes y a los errores que cometieron y que hay que decirlo, desde el principio condenaron al régimen al fracaso; pero tal argumento no convence”.

Continuando con una suerte de disección 
in situ al socialismo real, que paradójicamente quieren vendernos ahora, con nuevo empaque, en tierras americanas y venezolanas particularmente, Schaff enfatiza que el fracaso del socialismo real quebrantó la fe en dicho sistema “incluso de grandes combatientes por su causa, de gente que lo entregó y sacrificó todo por ella”. ¿Dónde quedó el discurso igualitarista ante una nueva clase, una nueva burguesía, que creció al amparo de un sistema que se proclamaba defensor de la clase trabajadora? ¿y qué pasó con los privilegiados y los arribistas? ¿y cómo tragarse la figura del líder único e indiscutible? ¿y hasta dónde el abuso del poder y el culto a la personalidad?

El filósofo avanza en sus observaciones y explica que el fracaso del socialismo real, aunque es con probabilidad la causa fundamental del desencanto generalizado, obviamente no constituye la única: “el desencanto ha afectado a muchísima gente que se sentía ligada al socialismo y que, incluso, participó activamente en su construcción. Es evidente que en la mayoría de los casos nos enfrentamos a una desilusión ante el socialismo provocada por el fracaso de su realización práctica. La ineficacia demostrada por el socialismo y el tremendo costo humano que supuso su construcción y mantenimiento desilusionaron a la gente”. Tomándole la palabra a Alvin Toffler: el socialismo de Estado no llevó a la riqueza, la igualdad y la libertad en las sociedades donde fue implantado; simplemente, no funcionó: “el socialismo colisionó con el futuro”.

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