Nos embarcamos y no nos embarcamos en los mismos ríos, somos y no somos. Heráclito.

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"Las dictaduras fomentan la opresión, las dictaduras fomentan el servilismo, las dictaduras fomentan la crueldad más abominable: es el hecho de que fomentan la idiotez. Botones que balbucean imperativos, efigies de líderes, vivas y mueras prefijados, muros exornados de nombres, ceremonias unánimes, la mera disciplina usurpando el lugar de la lucidez... Combatir esas tristes monotonías es uno de los muchos deberes de un escritor".

Jorge Luis Borges

martes, julio 17, 2012

DEMOCRACIA O AUTOCRACIA: HE AQUÍ LA CUESTIÓN


EL BÚHO DE MINERVA

Diego Márquez Castro


Los procesos electorales que hemos vivido los venezolanos en estos últimos trece años han tenido la característica de ser atípicos, incluyendo el que ahora se ha iniciado, porque aun cuando se ha invocado desde el oficialismo que hemos experimentado una ampliación de la democracia, lo cierto es que la democracia ha sido una simple excusa para enmascarar todo lo contrario a ella: la autocracia, que se expresa por la imagen y la boca de un líder que rechaza cualquier diferencia o disidencia y que exige como comportamiento una lealtad que raya en lo patológico. En esas oportunidades no ha ocurrido lo que en cualquier democracia que se considere como tal: la confrontación a nivel de partidos políticos de gobierno y oposición dentro del contexto de la alternabilidad en el gobierno, lo que garantiza dinamismo y salud política al sistema. La autocracia siempre ha apostado a la hegemonía y lo sigue haciendo.

El problema se profundiza cuando desde la autocracia no se asume el proceso electoral como un juego dialéctico entre propuestas para un modelo de país y de sociedad, sino que se considera como una guerra entre clases sociales, en principio, llevándose a plantear dicho proceso como un enfrentamiento entre los ciudadanos de un mismo país fracturando a los mismos en bloques irreconciliables que pudiesen llegar a odiarse y destruirse entre sí. Quienes así conciben la democracia están absolutamente equivocados porque la democracia como sistema de vida y como práctica personal y social promueve el ejercicio del pluralismo político que niega toda exclusión y aboga por la inclusión. La democracia sustenta la tolerancia frente a la diversidad en tanto que la autocracia asume la intolerancia como política de gobierno y de Estado. La razón de vida para el autócrata es crearse enemigos para desprestigiarlos y destruirlos y la de los demócratas es el diálogo constructivo para buscar soluciones, resolver los conflictos y superar las crisis dentro de un marco de consenso, solidaridad y respeto. El autócrata recela hasta de su propia sombra y ve conspiradores en los rincones; el demócrata cree en sí mismo y en las personas y no le teme ni le ofende la crítica porque sabe que es un ser humano y no una suerte de predestinado.

Todo autócrata y toda autocracia por cuanto se asumen como encarnaciones del “gendarme necesario” creen que la única manera de gobernar es siendo autoritarios en el ejercicio del poder, aun cuando puertas afuera hagan hipócritas profesiones de fe en una democracia en la cual nunca han creído porque en el fondo le temen y la desprecian. El filósofo Fernando Savater de visita en Venezuela en 1998, en pleno proceso electoral, cuando la propuesta de destruir la “democracia podrida” cautivó a millones de electores que creyeron de buena fe en su mayoría en un líder con aureola mesiánica que prometió una verdadera democracia de participación, advirtió sobre el peligro de destruir la democracia con cualquier pretexto de ocasión y aprovechar la coyuntura para instaurar un régimen autoritario: “El autoritarismo no tiene nada que ver con la democracia. En la democracia son los ciudadanos los que fundan las leyes, los que eligen. No hay más autoridad en la democracia. Entonces, todo autoritarismo, si es una autoridad por encima de la voluntad de los ciudadanos, ésa es la peor corrupción que existe”. Igualmente alertó en su momento, aunque quizá en aquellos momentos hubo quienes no quisieron escucharlo porque tenían puesta toda su fe en un hombre providencial, lo que sigue: “La peor corrupción que hay es la que secuestra el poder que tienen los ciudadanos y se lo guarda un señor porque dice que va a hacer mejor uso con él que el que van a hacer los ciudadanos porque es mucho más grave robar el poder que robarle la cartera al vecino. Por eso, la primera corrupción que combate la democracia es la de los que quieren robar el poder y hacer con él lo que les parezca adecuado”. Es tiempo de recuperar la autoridad de los ciudadanos derrotando la autocracia. Con el poder del voto y la voluntad de cambiar para mejorar, Venezuela se convertirá en un modelo a seguir. La decisión está en nuestras manos.
dmarquezcastro@yahoo.com

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