EL BÚHO DE MINERVA
Diego Márquez Castro
Resulta interesante analizar los
contenidos del discurso que a modo de propaganda electoral se transmite a
diario no solamente a través de los medios televisivos y radioeléctricos
oficialistas y oficiosos, sino en las compulsivas cadenas que le quieren imponer
a la ciudadanía de nuestro país, irrespetando el derecho que cada quien tiene
de elegir lo que quiere ver y escuchar. Indudablemente las estrategias
comunicacionales de ese sector se orientan y se soportan en esquemas de
propaganda típicos de los sistemas totalitarios, ahora con el aporte del
desarrollo de las nuevas tecnologías de la información.
Conviene recordar que el
andamiaje de este tipo de propaganda que es bombardeada intensamente a los
públicos de este país, tiene mucho en común, se parece tanto, se asemeja
pasmosamente a los denominados 11 principios de la comunicación política
aplicados atribuidos a Joseph Goebbels, ministro de propaganda del gobierno
nacionalsocialista. Veamos una síntesis de los mismos:
1. Principio de simplificación del enemigo único: consiste en
individualizar al “enemigo”, al cual hay que atacar sin piedad, desmoralizar,
descalificar, insultar, disminuir, ridiculizar. Siempre se necesitará colocar
una etiqueta para identificar al “enemigo”. Esa etiqueta puede consistir en un
apodo que lo ridiculiza.
2. Principio del método de contagio: se procura reunir varios o
diversos “enemigos” en una categoría o individuo, facilitando así el ataque y
la destrucción de dicho objetivo.
3. Principio del método de transposición: cargar en el “enemigo”
los propios errores o defectos, generando continuas provocaciones y atacándolo
sin cesar.
4. Principio de la exageración y desfiguración: convertir cualquier
anécdota o referencia, por insignificante que sea, en una amenaza grave.
5. Principio de la vulgarización: se puede enunciar con las
palabras del propio Goebbels: “Toda propaganda debe ser popular, adaptando su
nivel al menos inteligente de los individuos a la cual va dirigida. Cuanto más
grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a
realizar. La capacidad reflexiva de las masas es limitada y su comprensión
escasa, además, tienen una gran capacidad de olvido”.
6. Principio de orquestación: igualmente dejemos a Goebbels que lo
explique: “La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y
repetirlas incansablemente, convergiendo sobre el mismo concepto, sin fisuras
ni dudas”.
7. Principio de renovación: de acuerdo al mismo, el régimen debe
emitir constantemente informaciones y argumentos nuevos a un ritmo tal que
cuando el “enemigo” responda, los públicos ya estarán interesados en un nuevo
tema.
8. Principio de verosimilitud: consiste en fabricar argumentos a
partir de fuentes diversas, a través de los llamados “globos sonda” o de
informaciones fragmentarias.
9. Principio de silenciación: se busca acallar las cuestiones sobre
las que no se posee argumentos convincentes con lo que se trata de disimular
noticias que favorezcan al “enemigo”. O también se pueden proponer “soluciones”
que lo “neutralicen”.
10. Principio de transfusión: se manipulan argumentos que tengan
arraigo en actitudes primitivas que puedan devenir en violencia en contra del
“enemigo”.
11. Principio de unanimidad: consiste en manejar el discurso
mediático en el sentido de construir una atmósfera de apoyo y de adhesión a los
ideales sustentados por el líder único, creando una falsa impresión de la
comunión de la masa con el líder.
¿Hablamos de una mera casualidad?
Simplemente, compruébelo. Apelando el antiguo mito del eterno retorno, en otras
latitudes y tiempos, otros hombres pueden repetir modelos, palabras, discursos,
acciones… Es cuestión de observar, comparar y luego opinar.
dmarquezcastro@yahoo.com

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