Diego Márquez Castro
El tema de la democracia y su vigencia no quedó en las obras de Platón y Aristóteles como una mera referencia filosófica a la esencia y existencia de la democracia vista y practicada no solamente como un sistema político sino como un modo de vivir.
Tampoco el asunto se agotó en las tesis de los pensadores de la revolución francesa así como en las pertenecientes al liberalismo decimonónico ni las de aquellos del cercano siglo pasado. En pleno siglo XXI y ante la emergencia de nuevas formas de regímenes autoritarios con una evidente vocación al totalitarismo, nuevamente se replantea un ejercicio reflexivo en torno a la democracia como tema, sus características del presente y sus proyecciones hacia el futuro.
En su reciente libro Ética de Urgencia, el catedrático y filósofo hispano Fernando Savater desarrolla un conjunto de enfoques sobre la democracia y su problemática que bien encajan en la situación que aqueja a la sociedad venezolana contemporánea, la cual como lo vemos, sentimos y experimentamos, percibe cada vez con mayor preocupación cómo un gobierno de rasgos marcadamente autocráticos y con una cada vez más definida orientación marxista-leninista, anclada dramáticamente en el pasado y fracasada históricamente, busca gobernar al país de espaldas a prácticamente la mitad de sus habitantes que no comulgan con tal proyecto socialista, y hacerlo solamente tomando en cuenta a la otra mitad que le es fiel, tratando de convencer al mundo de una pseudodemocracia que propicia la hegemonía de un hombre y un partido, lo cual contradice en absoluto todo principio auténticamente democrático.
Dice Savater que preservar la democracia implica un compromiso de participación en los asuntos públicos por parte del ciudadano porque con la democracia podemos hacer lo que queramos, menos descansar y por supuesto hacernos de la vista gorda ante la destrucción de la misma: "La democracia es un régimen para no parar quieto, para estar siempre atento y vigilante, dispuesto a actuar. La democracia te da la posibilidad de intervenir, de controlar, de echar al gobernante que has puesto, porque te ha defraudado, porque descubres que es un corrupto, porque consideras que no es lo bastante competente. Pero si te cansas, estás vendido. La democracia es una motivación permanente para que intervengas en la sociedad". Todo lo cual se aplica a la actitud de desencanto, descreimiento y rechazo que muchos venezolanos de este momento sienten ante los abusos y el más desparpajado ventajismo que desde el poder se ejerce en la campaña de las elecciones regionales y ante el marcado cinismo de un árbitro electoral que justifica lo injustificable. ¿Es la abstención la respuesta correcta? Definitivamente no. La respuesta es responder desde la ciudadanía con valentía, decisión de cambiar y sobre todo, dignidad, que a unos cuantos les falta dada su vocación de vendidos. Otros hipotecan su voto por una franela, una nevera, una cocina o una promesa.
Agrega el filósofo algo muy interesante: "La democracia es una herramienta para solucionar problemas. La democracia es un sistema de elección, después hay que dotarla de contenidos". No es cierto, entonces, que el socialismo marxista leninista, en su trasnocho histórico, se constituya en la única y absoluta herramienta para solventar la problemática que enfrenta cualquier sociedad y menos en nuestro caso particular venezolano. En y con democracia, que implica pluralismo político y social e igualdad de oportunidades es posible crecer y transformarnos como país, región y sociedad, propiciando un pacto social que contemple el control del Estado en sus justas dimensiones y que le permita a los ciudadanos convertirse en propietarios, empresarios y emprendedores, y no en seres dependientes de un Estado-partido que los manipula y los aliena con programas efectistas, populistas y asistencialistas. Para concluir, unas palabras de Savater: "Cuando una persona ocupa un cargo público debe hacer las cosas de manera honrada, pero también debe tener cuidado en no equivocarse. Un político que se equivoca puede hacer mucho daño". Hay que removerlo.

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