EL BÚHO DE MINERVA
Diego Márquez
Castro
El
tema de la tiranía y los tiranos siempre ha fascinado, inquietado, molestado.
Cuando se habla en torno a tal particular el concepto de tiranía traduce la
idea de gobierno ejercido por un individuo, el tirano o quizás por varios, los
tiranos. En todo caso, tal tipo de gobernantes, quienes les rodean y defienden
en nombre de cualquier idea o pretexto coinciden el algo: el abuso e imposición
en grado extraordinario del poder y la fuerza, acompañados del dominio y
explotación irracional de afectos y pasiones, mediante la difusión de un
discurso terriblemente persuasivo sobre la voluntad de una sociedad y un país
enteros. De esta forma, la tiranía se constituye en un sistema de gobierno en
el que se sacrifica el bien de la colectividad en provecho particular de quien
ejerce las funciones de gobernar.
Platón
en el libro octavo de su obra La
República se expresa por boca de un Sócrates que dialoga con Glaucón: “En
cuanto al protector del pueblo, no creas que se duerme en medio de su poderío;
sube descaradamente al carro del Estado, destruye a derecha e izquierda a todos
aquellos de quienes desconfía, y se declara abiertamente tirano.” Seguidamente,
el filósofo hace un análisis sobre la situación del tirano: “Veamos ahora cuál
es la felicidad de este hombre y la del Estado que la sufre. Por lo pronto, en
los primeros días de su dominación ¿no sonríe graciosamente a todos los que
encuentra, y no llega a decir que ni remotamente particular, librando a todos de sus deudas,
repartiendo las tierras entre el pueblo y tratando a todo el mundo con una
dulzura y terneza de padre?” Luego, se le cae la máscara, deja de ser amable,
obliga a los ciudadanos a pagar impuestos para sufragar sus guerras, para que estos
no tengan tiempo para pensar, deliberar, discutir “y sólo piensen en sus
diarias necesidades.”
El
filósofo hace referencias a quienes en un principio vieron al tirano como un
salvador de la polis, pero luego, desengañados se volvieron en su contra y
entonces, el tirano, luego de aprovecharse de ellos y manipularlos a su antojo,
considera imperiosamente la necesidad de deshacerse de ellos, si quiere reinar
a su antojo y sin oposición alguna.
Las palabras de Sócrates en el texto analizado son lapidarias: “Muy digna de
lástima es la condición de un tirano, si se ve obligado a destruir a los
mejores ciudadanos, y a convertir a los esclavos de éstos en sus amigos y
confidentes. Estos nuevos ciudadanos le admirarán y vivirán con él en la más
íntima familiaridad, mientras que los hombres de bien le aborrecerán y huirán
de él.” Caídas máscaras y antifaces, la sociedad que aplaudió, exaltó y cantó loas al salvador ahora abominado, rechaza los intentos de sojuzgamiento y en
tal sentido el filósofo acota: “El pueblo verá qué hijo ha engendrado,
acariciado y encumbrado.” Habrá llegado la hora de elegir la libertad.

Cuando me pongo a reflexionar en todo lo que los griegos dijeron hace más de 2000 años, y constato su vigencia, no dejo de pensar en lo poco que ha evolucionado el ser humano en lo que refiere a la moral y a su conducta animal. No me extraña que Nietzsche haya dicho que los griegos lo dijeron todo.
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