Nos embarcamos y no nos embarcamos en los mismos ríos, somos y no somos. Heráclito.

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En este blog, Profesores y alumnos del Postgrado de Maestría en Filosofía de la UCAB Guayana, publicamos nuestras reflexiones sobre las ideas y el diario acontecer de nuestro entorno.

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"Las dictaduras fomentan la opresión, las dictaduras fomentan el servilismo, las dictaduras fomentan la crueldad más abominable: es el hecho de que fomentan la idiotez. Botones que balbucean imperativos, efigies de líderes, vivas y mueras prefijados, muros exornados de nombres, ceremonias unánimes, la mera disciplina usurpando el lugar de la lucidez... Combatir esas tristes monotonías es uno de los muchos deberes de un escritor".

Jorge Luis Borges

viernes, marzo 02, 2012

LA ANTIMORAL DEL DISCURSO


EL BÚHO DE MINERVA


Diego Márquez Castro








     En 1934, un Adolfo Hitler exudando poder, destacó en un discurso lo siguiente: “Yo libero al hombre de la constricción de un espíritu convertido en fin de sí mismo; de las sucias y humillantes autoaflicciones de una quimera llamada conciencia y moral, y de las pretensiones de una libertad y una autodeterminación personal, a la que sólo muy pocos puedan aspirar.” Esas palabras reflejan algo aterrador: En la medida que una porción de la sociedad se pliega a las pretensiones de poder monocrático de un líder, sus miembros se alienan a la voluntad y al discurso del mismo, entregándole su moral y su vida así como su libertad.

     Un análisis al fragmento citado lleva a transcribir una reflexión de J. A. Agejas: “El papel de la conciencia es clave en las decisiones personales, pues es la raíz de la libertad personal, y, por tanto, del crecimiento moral. Por eso las tiranías prometen la liberación de la conciencia, no del hombre: prometen una falsa libertad. La liberación de la moral no es más que la tiranía mayor a la que puede estar sometido cualquier ser humano, y no al revés, como demagógicamente se dice. La propia conciencia moral es el único camino para la libertad personal.”

    Ante ello, vale evidenciar la recurrencia en el abuso de las falacias informales que afectan la relación de la ética con la retórica expresada desde las filas del oficialismo venezolano que no escatima esfuerzos para utilizar el argumento de la fuerza soportado sobre amenazas y chantajes; el argumento de la piedad, mediante el cual se apela a los sentimientos nobles de los destinatarios; el argumento de la autoridad, que utiliza como telón de fondo a ideas e íconos de personajes famosos; el argumento al pueblo, que constituye la exaltación de odios y pasiones en la masa; el argumento contra la persona a través del cual se busca descalificar y destruir a quien disiente de la “verdad” del régimen.

    La perversa combinación y manipulación en el discurso político de tales falacias y otras más es simplemente inmoral, razón por la cual, tomando en cuenta a J. L. Aranguren, debe advertirse que el punto de partida de una moral dialógica o dialogal en una sociedad civil se traduce en “el respeto al valor moral de la persona, a la dignidad del otro.” Un discurso soportado en la exclusión y la violencia sólo conduce a fomentar el odio y la división, por lo que merece recordarle a su emisor y sus dóciles repetidores estas sabias palabras de Gandhi: “La violencia es el miedo a los ideales de los demás.” Eso es, miedo al pensamiento libre.

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