José Carlos Blanco
Simone de Beauvoir, en su libro América día a día, que es una especie de diario del viaje que realizó a los Estados Unidos en los primeros meses del año 1947, se quejaba de las conversaciones que tenía que realizar a través del hilo telefónico con personas que muchas veces no conocía: “eran solo son nombres sin rostro anotados en una agenda”. Esto, que para la famosa escritora era algo inaceptable dentro de lo que consideraba una buena relación humana, es muy natural en nuestros días: se puede decir sin exagerar, que la conversación telefónica “sin rostro” es más común que la conversación humana “cara a cara”. No sabemos que habría pensado la mítica figura de las letras francesas, si hubiera observado el uso exagerado hace el hombre de hoy del teléfono celular; lo usa hasta para hablar con los que están a su lado, poniendo en peligro de extinción una de las cosas que más necesitamos los seres humanos: la conversación personal. Si consideraba al viejo teléfono como un aparato maléfico, que pensaría del moderno Blackberry, que en muchas ocasiones, hace que el hombre de hoy se identifique más con las máquinas que con los seres orgánicos, igual que en la metáfora apocalíptica de la película de Stanley Kubrick 2001 Odisea del Espacio... leer +

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